fe de erratas

26 mar. 2016

“Los reyes del pueblo que no existe”,

 

‘Unsilenced’  Por BETZABÉ GARCÍA

Conocí a Atilano Román Tirado, de quien trata esta película, cuando tenía 19 años. Yo estaba en su pueblo en Sinaloa para filmar mi documental “Los reyes del pueblo que no existe”, acerca de las familias que decidieron quedarse después de que sus hogares fueron inundados a raíz de la construcción de la presa Picachos al noroeste de México.
Durante esa época, Atilano ofreció alojar a mi equipo en su casa, mientras él fungía como líder del movimiento de resistencia para cientos de familias que habían sido reubicadas… a un lugar que carecía de electricidad, agua u oportunidades de empleo. Trabajé en este proyecto durante cinco años, y nos hicimos amigos cercanos.
Una mañana mientras desayunábamos, Atilano nos dijo que preferiría que sus hijos lo vieran en una tumba que verlo como un padre cobarde. Sus palabras en verdad me conmovieron. Me pregunté acerca del proceso de superar el miedo de la muerte por el bien común. ¿Cuándo es que alguien decide que la vida se vuelve secundaria a una causa?

Atilano soñó que nuestro país a pesar de lo sumergido que está en una profunda decadencia social consideraría que su movimiento era un modelo para otros pueblos que habían perdido todo y necesitaban resurgir de la nada. Este Op-Doc es un tributo al hombre que se rehusó a permanecer callado ante la injusticia, alguien que estaba dispuesto a pagar cualquier precio necesario para defender sus creencias.
Pero esta historia no es solo acerca de mi amigo Atilano: busca subrayar la cultura de la censura que ha dominado a todo nuestro país. El asesinato de Atilano a manos de hombres armados dentro de una cabina de radio durante la transmisión en vivo de un programa dedicado a dar voz a las exigencias de su movimiento fue un mensaje claro de intimidación a las personas, destinado a silenciar a quienes también pensaran protestar en contra de las injusticias. Cuando el audio del momento de su asesinato se retransmitió por todo el país mediante cientos de otros medios noticiosos, los asesinos fueron capaces de llevar su mensaje de violencia e intimidación.

Con este documental, narrado por Atilano en los años previos a su muerte, quiero devolverle la voz y demostrar que su valiente mensaje de vida es merecedor de una plataforma aún más firme. Atilano puede estar muerto, pero su voz vivirá y atravesará la creciente ola de censura que está plagando nuestro país.
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