fe de erratas

26 jun. 2014

La gente tiene que ser sujeto de la historia

La gente tiene que ser sujeto de la historia


Entrevista con el Diputado Federal mexicano Adolfo Orive Bellinger, miembro del Partido del Trabajo (PT)



Foto: PTDiputados
Adolfo Orive Bellinger es Diputado Federal mexicano. Pero hay más. Lo descubrí la semana pasada durante el Primer Encuentro de Intercambio Teórico entre el Partido del Trabajo (PT) al que pertenece y el Partido Comunista de Cuba. Allí supimos que se inscribió como voluntario para combatir junto a los milicianos durante la invasión a Playa Girón. La historia merecía ser contada, y él aceptó gustosamente la entrevista para Granma.
Orive ha sabido combinar la lucha social y política con el trabajo académico. Graduado de ingeniería civil, hizo un doctorado en Eco­nomía Política en París, y un posgrado en Economía Post-keynesiana en la Universidad de Cambridge. Ha sido profesor de Economía Política Marxista, y del Socialismo y Problemas Económicos y Sociales de México, en la UNAM.

Según narra su biografía oficial, el 3 de octubre de 1968, en la mañana, fue recibido por el General Lázaro Cárdenas para describirle la represión y la matanza de Tlatelolco de la noche anterior.
En los años noventa, participó en la redacción de los documentos básicos del PT.
Con esas credenciales, lamenté que tuviéramos apenas una hora para el diálogo. Habla de nuestro país con la honestidad propia de los mejores amigos. “Yo no me quiero morir sin ver a Cuba con una calidad de vida muy superior a la que ya tiene”.
Curtido por décadas de lucha y algunas decepciones, a las puertas de sus 74 años, me confesó que es optimista porque no le queda de otra. Le recordé entonces la idea de Antonio Gramsci: actuar con el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad.
Casi no hizo falta cuestionario.

ENCUENTRO CON CUBA
“Yo era un estudiante en 1959. Recuerdo muy bien una fotografía que salió en México en donde va Fidel en un carro junto con Camilo, entrando por La Habana muy joven él, y todo eso nos entusiasmó a los que pensábamos que el socialismo era posible en México.

“En 1961, el día que supimos de la invasión de los mercenarios auspiciados por Estados Unidos, me fui a ver al General Lázaro Cár­denas. Lo encontré con un uniforme de caqui y una pistola 45 en el cinto, esperando a ver quiénes nos enlistábamos para venir a defender a Cuba en Playa Girón.
“Él ya había conseguido un avión pero el presidente de entonces, López Mateos, no lo dejó despegar. El General nos sentó a todos a su alrededor, y nos platicó lo que significaba defender a Cuba para el futuro de América Latina. Conseguimos venir, aunque sin Cárdenas. Yo tenía 20 años. No me tocó tirar balazos porque ya había ganado Fidel, pero sí me tocó junto con esos otros guerrilleros capturar yo creo que a los últimos cuatro mercenarios que quedaban.
“Esa fue la primera vez que vine a Cuba. Nunca había estado en época de Batista. No tenía deseos de visitar un país gobernado por un dictador, además entregado a Estados Unidos y a la mafia.
“Después de Girón nos tocaron tres o cuatro eventos muy importantes en La Habana. Tuvimos la suerte algunos latinoamericanos —debimos haber sido 10 o 15 jóvenes— de tener una charla en un salón muy chico con el Che y con Raúl, y fue muy ilustrativa, porque nos platicaron el significado de lo que se iba a hacer en Cuba, y obviamente aprendimos mucho.
“Luego me acuerdo de otro evento en un auditorio, donde le iban a dar un premio a Fidel, mientras él llegaba, para entretenernos, nos tomamos todos de la cintura y empezamos a caminar en cadena gritando: Fidel, Fidel, qué tiene Fidel, que los gringos no pueden con él. Son eventos que a un muchacho de 20 años le entusiasman enormemente”.

POLÍTICA POPULAR

“Hubo una línea que se convirtió en la fundamental de las organizaciones sociales y luego del Partido del Trabajo: la línea de masas. Consiste en no pensar que uno tiene la verdad, sino llegar con la gente y antes de decirle lo que tienen que hacer, preguntarles qué problemas tienen y cómo los resolverían.

“Para eso teníamos que dejar la universidad. Yo por ejemplo era profesor a tiempo completo. Y dejamos la universidad, muchos profesores, para integrarnos con la gente. Algunos se fueron a trabajar en las fábricas, otros con los campesinos. Nuestro movimiento se llamaba ‘Política Popular’”.
“Con los obreros lo que hacíamos era democratizar los sindicatos. Por ejemplo, ganamos la fábrica que entonces era la más grande de México, una siderúrgica llamada Altos Hor­nos, que tenía 14 mil trabajadores. Hicimos asambleas para que los obreros tomaran conciencia del trabajo que realizaban y de su productividad, de tal suerte que en los contratos colectivos le exigieran al patrón parte de los beneficios que su productividad generaba.
“Yo viví en Chiapas antes de que llegara el llamado Subcomandante Marcos. Con la gente, durmiendo en piso de tierra, en casitas de bajareque. Nosotros decíamos que quien no se integrara con la gente no tenía derecho a opinar”.

EL PARTIDO
“Acabamos teniendo miles de militantes a tiempo completo y cientos de miles en esas organizaciones sociales, indígenas, obreras, campesinas y de pobladores urbanos marginados. Esa estrategia duró desde 1968 hasta 1990.

“Desgraciadamente nos pegaron muy fuerte tres cosas: en primer lugar las crisis de la economía mexicana en los 80. En el caso concreto de los obreros la represión; muchos de nuestros compañeros fueron corridos de sus trabajos. Y en otros casos desgraciadamente por corrupción. El gobierno y los capitales les daban mucho dinero a los dirigentes campesinos con tal de que se desintegrara el movimiento. Y aun así los fundadores del PT en 1990 no fueron personas sino organizaciones sociales.
“Nuestro movimiento fue regido por una frase que es fundamental y que creemos que sigue siendo válida para construir el socialismo: la gente tiene que ser sujeto de la historia. La gente no puede ser objeto de la historia que hacen unos cuantos por ellos. Obviamente hay etapas cuando los líderes sí tienen que conducir, pero hacerlo de tal manera que la gente aprenda a ser sujeto de la historia.
“En la última filiación del PT creo que somos como 550 mil militantes, muy poquito realmente”.

LOS CAMINOS
“Déjeme decirle con toda sinceridad: soy optimista porque no me queda de otra. Usted imagínese para una persona de mi edad, a quien le toca vivir el inicio de proyectos socialistas en su propio continente, que ve que casi la mitad del mundo camina hacia el socialismo, que lucha cuando es joven por construir el socialismo en su propio país, y que cuando llega a la tercera edad, por lo único que puede luchar en su país es por salir del capitalismo neoliberal que es el capitalismo salvaje, y construir un capitalismo que sea menos salvaje.


“Es terrible la perspectiva, y bueno, por lo menos pensar que antes de que me muera podré ver una situación en donde la gente sea sujeto de la historia. Sería maravilloso.
“Socialista es una persona que trabaja todos los días por ayudar a otra persona a que sea sujeto de la historia, a que efectivamente participe en las decisiones de su centro de trabajo, de su barrio, de su familia, del gobierno provincial, nacional.

“Respecto al marxismo-leninismo quiero dar una opinión muy heterodoxa. Mucha gente se define marxista-leninista sin haber leído ni a Marx ni a Lenin. Se definen además así como si fueran dogmas, y ellos no escribieron dogmas. Escribieron sistematizaciones de la historia, de su práctica, y por lo tanto teorías, y todas las teorías tienen que evolucionar. Tenemos en primer lugar que leerlos, pero además desarrollarlos.

“El mundo de ahora es diferente. La caída del socialismo real nos tiene que dar muchas enseñanzas, y lo que estamos construyendo ahora también. Tenemos que teorizar sobre esas enseñanzas, y eso no se ha hecho. Si no lo hacemos, no tendremos una teoría que guíe la acción, y por lo tanto las acciones de los pueblos van a acabar siendo muy pragmáticas y en ese sentido pueden efectivamente no lograr el objetivo que pretenden”.
 http://www.granma.cu/mundo/2014-06-23/la-gente-tiene-que-ser-sujeto-de-la-historia

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