fe de erratas

16 jun 2011

Sistema insuficiente, agotado

Sistema insuficiente, agotado

   SDP    Adolfo Orive  @Adolfo_OriveB                           2011-06-16
El mundo de nuestros días evidencia una alentadora vuelta hacia la necesidad que tienen las mayorías, los desplazados, los no incluidos en los proyectos neoliberales y oligárquicos, por ser sujetos de su propia historia. Diversas expresiones sociales, principalmente de los jóvenes, deben traer al debate político la necesidad de articular a la democracia representativa liberal la democracia participativa postliberal. La cotidianidad nos espeta que el sistema económico, político, social y cultural que vivimos se agotó.
 
Podríamos definir al liberalismo como una tradición política que nos heredó las libertades civiles, la ciudadanía electoral y la idea de la política como representación político partidista. Cabe aclarar que sería un error decir que postliberalismo significa haber llegado al final o abandonar la herencia liberal de los derechos civiles, la división de poderes y la ciudadanía electoral.  
Es decir, no debemos plantear el abandono de la democracia representativa, sino la creación de un segundo circuito de participación ciudadana, al margen de los partidos, donde se amplíe el terreno de lo político, rebasando los límites del liberalismo. 

Indignación, hartazgo, desesperanza y ausencia de expectativas son el combustible de  generaciones abrumadas, constreñidas, sometidas por el neoliberalismo. Es indispensable e impostergable cambiar. Al parecer son los jóvenes quienes, en una especie de aprendizaje histórico, tienen claro que aquellos quienes dirigen la república oligárquica, las grandes empresas, los bancos, los medios masivos de comunicación privados, y sus ideólogos y voceros no van a transformar fácilmente las instituciones de poder. 

Ordenando las demandas en las expresiones populares, éstas apuntan la exigencia por construir una democracia que sea lo que etimológicamente significa: poder del pueblo, y se construya desde ya, dado que en la actualidad el poder no es de los ciudadanos. 

Estas manifestaciones, las cuales puedo calificar de “puñetazos de la realidad”, no pueden tener como consecuencia sólo la oxigenación del sistema o el incremento de reformas sociales. Porque se trata de transformar la república oligárquica en una democracia representativa —que exprese las necesidades de los ciudadanos— articulada a una democracia participativa. 

Como nunca antes en la historia de nuestro país, se erige como necesidad que los dirigentes, gobernantes y candidatos a puestos de elección popular escuchen a la gente a fin de atender las demandas de su vida cotidiana. Por ello se debe construir un segundo circuito político: el del  ejercicio ciudadano, al margen del primer circuito transitado por los partidos. Y a este segundo circuito se le tienen que otorgar facultades decisorias, legislarlo.  

Implica abrir suficientes canales de participación, representación y gestión institucional de demandas sociales, puesto que estás han rebasado ya la capacidad del Estado. 
 Lo anterior permitirá reducir el umbral de conflictos que se presentan en las calles cotidianamente, es decir, la creciente conflictividad social. Además, incrementará en la población y en la clase política el sentido de pertenencia y participación ciudadana en la comunidad política. Finalmente, este jalar el centro de gravedad de lo político a los espacios de la sociedad, mejorará el proceso de elaboración, implementación, legitimación y fiscalización de las políticas sociales. Lo político también es público, y ahora como nunca, los jóvenes lo saben, lo necesitan, y han salido a las calles a reclamarlo.


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