fe de erratas

23 sept. 2013

con el agua, literalmente, hasta el cuello.

  Huracanes: La misma negligencia

Estragos de la tormenta Manuel en Acapulco, Guerrero. Foto: Eduardo Miranda
Estragos de la tormenta Manuel en Acapulco, Guerrero.
Foto: Eduardo Miranda
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Los fenómenos naturales son inevitables pero sus consecuencias sí pueden mitigarse y minimizarse, aunque al revisar la historia de estos eventos en México parece que no es así, toda vez que año tras año el recuento de daños es interminable y repetitivo. Las razones son evidentes: negligencia, incapacidad o corrupción de las autoridades.
La semana pasada dos huracanes azotaron los estados costeros mexicanos: Ingrid en el Golfo de México y Manuel en el Pacífico. El segundo fue el que más daños causó y vidas humanas cobró. Hasta el jueves 19 los reportes oficiales hablaban de 97 muertos y 68 desaparecidos por el deslave del cerro en la comunidad La Pintada, de Atoyac de Álvarez, Guerrero.
Una rápida comparación de lo que hoy sucede en Guerrero con lo ocurrido en 1997 (hace 16 años), cuando Paulina azotó al puerto de Acapulco, permite evidenciar la ineficacia de las autoridades en ambos casos. Si bien las cifras cambian, los impactos y las consecuencias son prácticamente los mismos........sigue
http://www.proceso.com.mx/?p=353520 

Las lluvias, desgracias para los pobres


23. septiembre, 2013 Álvaro Cepeda Neri * Conjeturas

Igual que los indígenas, los campesinos y ejidatarios están abandonados a su suerte de miseria hoy más que nunca; y sólo son invocados para recetarles el discurso oficial –ahora el peñista–, llevarlos a votar o llenar el escenario de las visitas presidenciales. Contrario a estos, los latifundistas y grandes productores tienen dinero y créditos para sembrar; y ahora brincan como enanos porque las fuertes lluvias han llenado las presas hasta casi desbordarse. Hasta tres cultivos están asegurados para el ciclo en marcha en un país cuya población necesita urgentemente productos del campo. Y es que se ha estado importando maíz, frijol, trigo y otras semillas para medio cubrir la demanda nacional, a precios constantemente al alza que tienen a la economía, otra vez de los pobres, los que apenas tienen un empleo o sobreviven en la informalidad, entrando casi a la recesión.
Pero esas lluvias, en muchas partes del país, torrenciales, han sido la desgracia otra vez de los pobres que han visto arrasadas sus humildes, si así pueden llamarse, casas, con sus escasas pertenencias. Allá por Chiapas los indígenas han sufrido tales consecuencias, no solamente tierra adentro, a donde los han empujado los ricos y los gobernantes. En el Estado de México, donde desgobernó Peña y dejó a su cancerbero Eruviel, los pobres, ya prácticamente en la calle, fueron arrasados por las corrientes de agua, ríos desbordados y por un drenaje deficiente e insuficiente que se reventó, dejando aflorar las aguas negras, para completar el dramático cuadro de desgracias. La furia de los elementos y del dios Tláloc nada hacen a las fortalezas de los ricos, pero parecen bombardeos contra los pobres a los que, gobernantes ineficaces y un peñismo sin resultados, tienen en el abandono y el olvido y van con sus grupos de burócratas levantando censos, cuando a la vista están las calamidades.

Que sea obra de los dioses o una respuesta del maltrato que le hemos dado a la implacable e infausta naturaleza, no debería ser pretexto para que los funcionarios (salvo los bomberos siempre auxiliando), vayan al lugar de los siniestros y desventuras humanas ¡para tomar nota!, cuando sobre la marcha deberían estar preparados para actuar con programas eficientes de protección civil, pues no basta con los escasos lugares para refugiados, al parecer sin ningún orden. Los alrededores y algunas delegaciones de la capital del país han sufrido muy graves percances. Pero el desgobernador mexiquense, el tal Eruviel Ávila, quien sueña con ser el sucesor de Peña (ya son muchos: Osorio Chong, Videgaray, Chuayffet, o el favorito Luis Enrique Miranda Ávila, etcétera), ha actuado con tardanza en la atención a la población, sin importarles a él y al mismo Miguel Ángel Miranda, del gobierno defeño, los sufrimientos de mexicanos con el agua, literalmente, hasta el cuello. Estas lluvias torrenciales que benefician al campo de los inversionistas a lo grande, hicieron que lloviera sobre mojado sobre la pobreza de 58 millones de mexicanos que, cuando reciben la miserable ayuda gubernamental, la mayoría de las veces ya es demasiado tarde.
*Periodista

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