fe de erratas

19 sept. 2012

El trabajo dual, fuerzas progresistas de izquierda insertadas en las instituciones y pueblo de México debe actuar de manera concertada.

El trabajo dual, fuerzas progresistas de izquierda insertadas en las instituciones y pueblo de México debe actuar de manera concertada.

Adolfo Orive

Las recientes elecciones federales evidenciaron que alrededor de 16 millones de mexicanos identificaron en las fuerzas progresistas su opción para salir de la terrible situación política, económica, social y cultural en que nos han colocado 30 años de gobiernos neoliberales.
Al interior de los poderes de la Unión, formamos el Frente Legislativo Progresista —como expresión de la segunda fuerza política de la nación—, con el propósito de oponernos a las iniciativas que favorecen solamente al uno por ciento y perjudican a la mayoría del pueblo. Está en puerta una reforma laboral que intenta hacer añicos a la clase trabajadora, reducirla en su capacidad de organización y sobre-explotarla. Además es una medida suicida para la propia clase empresarial, al reducir el poder adquisitivo de la gente y por lo tanto seguir abatiendo la capacidad del mercado interno. Como consecuencia, quebrarán las micro y pequeñas empresas, que son las que más empleo contratan. Y las medianas y grandes empresas tampoco reactivarán su producción ni contratarán más trabajadores, porque no incrementará la demanda de sus productos, sean estos bienes o servicios.

Tenemos un problema mayúsculo: a pesar de que la reforma laboral es un asunto que afecta económica, social y políticamente a la mayoría del pueblo, no ha sido informada de su contenido ni de sus consecuencias: se ha mantenido en lo “obscurito”; y, como es iniciativa preferente, tiene que ser dictaminada para el 30 de septiembre.

Los 138 diputados del Frente Progresista necesitamos la participación de la sociedad a fin de proponer una reforma laboral que beneficie a los trabajadores y reactive la economía. Participamos en el poder constituido, pero en la sociedad existe una fuerza mayor que debe movilizarse, en primer lugar los sindicalistas y los jóvenes de #YoSoy132: no necesariamente bloqueando calles sino, sobre todo, mediante brigadas y folletos muy sencillos, explicándole a la gente lo que sobre su propia vida se está jugando en esta reforma, para que se oponga a la iniciativa de Calderón. Cito al profesor Arturo Huerta: “La única forma de equilibrar la correlación de fuerzas ante los dueños del capital, ante el uno por ciento que toma las decisiones en este país, es salir a la calle; ¡pero la gente no está en las calles!”.

En la Cámara de Diputados tenemos una correlación de fuerzas desfavorable. Para que el pueblo gane en materia laboral se requiere que se informe y participe de cuanta manera pueda, construyendo un verdadero poder popular que haga retroceder a los legisladores que defienden la propuesta de Calderón. Como hemos dicho en otras ocasiones: hay que trasladar el centro de gravedad de lo político a más espacios de la sociedad. Si las fuerzas más conscientes de la sociedad no presionan al Poder Legislativo, perderemos la batalla laboral y en el país seguirán cavando el hoyo socioeconómico en el que nos encontramos desde hace ya treinta años.

Durante las últimas semanas, se ha especulado respecto al futuro del movimiento social más importante del país: Morena. Hay quienes pretenden transformarlo en partido, uno más de los tres de izquierda que ya tienen registro; lo que le daría una imagen a la ciudadanía de que preferimos dividirnos a unirnos. Y otros, como el senador Alejandro Encinas y el suscrito, que esperamos se siga fortaleciendo como movimiento social para participar significativamente en la construcción de poderes populares que nos den la correlación de fuerzas necesarias para emprender el cambio verdadero en nuestro país. Hace 35 años, con las reformas electorales de 1977, el sistema político dominante ya “entoriló” a la izquierda, convenciéndonos de que sólo mediante la competencia partidaria electoral, que nos permitiera acceder a las instituciones, es que se podía modificar la realidad. Es un sinsentido continuar perpetuando en la mente de la mayoría de los mexicanos que exclusivamente mediante una estructura de partidos pueden tomar las riendas de su vida. Se requiere de ambos poderes —el institucional y el popular— para salir del hoyo neoliberal.

 Hace 44 años, días después de la masacre de Tlatelolco, escribimos: “Debemos ser un instrumento de la lucha de nuestro pueblo y no hacer de él un instrumento de nuestra lucha personal y partidaria”.
A nivel institucional tenemos ya un Frente Legislativo Progresista, el cual tiene como objetivo el cambio verdadero de la realidad política, económica y social del país, con un sentido democrático y popular, impulsado desde el Congreso de la Unión. Pero nos falta la otra parte de la pinza. Esa pieza fundamental que reposa en el pueblo, en la gente de a pie, en los sindicatos, en los obreros, en los campesinos, en los jóvenes, en las amas de casa, en los colonos populares.

Este trabajo dual, fuerzas progresistas de izquierda insertadas en las instituciones (congresos y gubernaturas) y pueblo de México, debe actuar de manera concertada. Para aquellos que participamos en la vida de los partidos de izquierda será fundamental construir alianzas más allá de nuestros propios institutos, en términos de construcción de una gran unidad política y social antineoliberal. Las necesidades de millones de mexicanos nos lo exigen.
http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=opinion&cat=11&id_nota=859291

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